Torre de Seguridad
Las condiciones eran favorables; parecía que hoy sería un buen día para navegar. Así que confié en que el clima estaría de mi lado.
Mientras navegaba, el viento se hacía presente cada vez más fuerte e imponente. Mi barco iba de un lado al otro. Las olas se azotaban, causando un gran ruido y movimiento. La angustia vino a visitarme y, de repente, también llegó el miedo.
En mi mente se escuchaba una pregunta constante:
“¿Cómo es que vas a llegar a tu destino? Es imposible que el mar se aquiete. La tormenta es demasiado fuerte. Es imposible que puedas observar el faro.
Esos eran los pensamientos que mi mente repetía una y otra vez. Pero recordé que lo que es imposible para el hombre no lo es para el Creador, el dueño de las olas y del mar.
Volví a fijar mis ojos en el Creador, y entonces esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano llegó a mí.
Intercambié aquellos pensamientos por la verdad:
Dios es mi aliado y mi fortaleza.
Dios es mi torre de seguridad y quien me rescata.
Dios es mi refugio.
Y de repente, aquella luz brillante se hizo presente en mi mente. Mi torre de seguridad me rescató: las olas se aquietaron y mi mente descansó en el Señor.