Gracias Jesús
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Sin haberlo merecido, Dios nos dio el regalo más precioso que tú y yo podamos imaginar. Ni siquiera la piedra más preciosa se compara con este regalo.
Dios decidió en su infinito amor obsequiarnos la salvación. No por quien eres tu sino por quien es Él.
Antes estábamos muertos, pero Él nos dio vida. Ahora Dios nos mira como sus hijos y podemos disfrutar de una cercanía con Él.
Gracias Jesús por permitir que fuéramos injertados al árbol de la vida.
Jeremías 17:8
“Son como árboles plantados junto a la ribera de un río, con raíces que se hunden profundamente en el agua. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas permanecen verdes y nunca dejan de producir fruto.”